El desarrollo de las tecnologías de la información (TIC) ha supuesto el paso de una época en la que el acceso a la información era una cosa de eruditos, vinculada al mundo académico y reservado a una parte privilegiada de la población que podía dedicarse a quehaceres liberales, a otra época caracterizada por la disponibilidad de la información y la ingente cantidad de esta.
Sin embargo, a nuevos tiempos, nuevas posibilidades y nuevos retos. En concreto, en nuestra época, la criba entre el éxito y el fracaso estribará en la capacidad de gestionar la vorágine informativa, discriminando la información relevante de la que no lo es. Perder este tren supone caer en la última de las barreras de segregación: la brecha digital. Nuestra labor como docentes consistirá en proporcionar a nuestro alumnado las herramientas necesarias para un tránsito eficiente de un modelo educativo basado en el conocimiento de una cultura a una cultura del conocimiento (Expósito y Manzano, 2010).
¿En qué se traduce esta transmisión de recursos? Pues en mostrarles como con distintas aplicaciones y páginas se puede llevar a cabo un filtrado eficaz y útil de la información. Un decálogo que me ha resultado muy util sobre estas herramientas y estrategias lo encontramos una entrada de blog dedicada a la infoxicación.
Ahora bien, esto no es per se la piedra filosofal de la gestión informativa: las herramientas son inútiles si no tenemos el propósito de utilizarlas. Por ello es fundamental conocer la sociedad en la que nos encontramos y ser conscientes de las relaciones entre conocimiento y poder.
No obstante, aceptando que la tecnología nos proporciona herramientas útiles para sobrellevar la
Sin embargo, a nuevos tiempos, nuevas posibilidades y nuevos retos. En concreto, en nuestra época, la criba entre el éxito y el fracaso estribará en la capacidad de gestionar la vorágine informativa, discriminando la información relevante de la que no lo es. Perder este tren supone caer en la última de las barreras de segregación: la brecha digital. Nuestra labor como docentes consistirá en proporcionar a nuestro alumnado las herramientas necesarias para un tránsito eficiente de un modelo educativo basado en el conocimiento de una cultura a una cultura del conocimiento (Expósito y Manzano, 2010).
¿En qué se traduce esta transmisión de recursos? Pues en mostrarles como con distintas aplicaciones y páginas se puede llevar a cabo un filtrado eficaz y útil de la información. Un decálogo que me ha resultado muy util sobre estas herramientas y estrategias lo encontramos una entrada de blog dedicada a la infoxicación.
Ahora bien, esto no es per se la piedra filosofal de la gestión informativa: las herramientas son inútiles si no tenemos el propósito de utilizarlas. Por ello es fundamental conocer la sociedad en la que nos encontramos y ser conscientes de las relaciones entre conocimiento y poder.
No obstante, aceptando que la tecnología nos proporciona herramientas útiles para sobrellevar la
inevitable sobrecarga informativa a la que nos encontramos expuestos, no quisiera terminar sin hacer referencia a la más potente, accesible y rudimentaria de todas: el sentido común. Somos nosotros mismos los que debemos fijar los límites de la injerencia informativa en nuestras vidas, no vaya a ocurrirnos como al protagonista de esta simpática viñeta. La familia, los amigos, las aficiones personales, etc. deben tener su espacio propio en el que queden blindadas ante los impertinentes reclamos del twitter, whatsapp, Facebook, Rss, correo electrónico…

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